LA NUEVA NORMALIDAD

Hoy me ha dado por pensar en que no es posible que todo el mundo sea idiota, que todo el gobierno de España sea idiota. Más bien todo lo contrario. ¡Hombre…! Es posible que algún corto de entendederas ande circulando en torno al partido del puño y la rosa o el del garabato circular blanco; o que alrededor de cuarenta y cinco millones de españoles no estemos bien informados y yerren en sus “torpes apreciaciones”, pero vamos, que tampoco hay que ser un lince para caer en la cuenta de lo que está pasando en España y en el mundo. El problema empieza cuando comparas las cosas que suceden Aquí y lo que pasa Allí. Cómo se afronta lo que pasa Aquí y como se resuelve el mismo problema Allí.

El Gobierno de España ha conseguido que no haya ni un solo ciudadano español que piense en otra cosa que no sea la pandemia del covid-19 y, además, echando pestes de cómo están sucediendo las cosas y, salvo excepciones, da igual la tendencia política que se tenga. Es absolutamente unánime la opinión de quienes dicen que toda la gestión del Gobierno respecto a la lucha contra el virus no puede ser peor, claro está, salvo la de los que se siguen llamando periodistas que, como las babosas, se arrastran flotando en un moco gelatinoso e informe; la diferencia entre el molusco y el periodista imitador del gasterópodo es el condicionante de la acción de arrastrarse, esto es, mientras que el animal lo hace porque es así su propia naturaleza, el periodista lo hace plenamente consciente de la ignominia de su actitud, que acepta por dinero. No hay que olvidar en este asunto, la inestimable colaboración en la acción de arrastrarse cual babosa de los “tuiteros” a sueldo, que los pobres hacen lo que pueden por contrarrestar en las redes sociales esta nefasta tendencia que confirma sin paliativos la debacle de la tramposa información oficial.

La indignación y la rabia de todos rozan límites insoportables. No se justifica de ninguna forma la cifra de infectados y mucho menos la de muertos, que, por poner un ejemplo, es como si, de un día para otro, toda la provincia de Segovia se hubiera quedado sin uno solo de sus habitantes.

Me pongo en la piel de quienes han perdido a su padre o a su hermana, a su esposa o a su hijo, víctimas del coronavirus y me cuesta muchísimo trabajo, mejor dicho, me resulta imposible imaginar la cantidad de cólera que pueden llegar a sentir aquellas personas por haber perdido a su familia de la forma en la que o ha hecho. El acontecimiento de la muerte es aceptado por todos, es la ley de la vida, lo que no es aceptable, bajo ningún concepto, es morir por lo que se ha muerto y de la forma en que se ha muerto.

No voy a incidir en lo que ya todo el mundo sabe. No quiero dedicar ni una línea a reiterar e incidir en el hecho de que el Gobierno de España sabía con mucha antelación a la fatídica fecha del 8 de marzo que una amenaza sanitaria cierta y grave se cernía sobre el mundo y que nada se previno. El Director Adjunto Operativo de la Policía Nacional D. José Ángel González dice y reitera, luego no es un error, que dio instrucciones tres meses antes de ese maldito 8 de marzo para que se proveyera lo necesario respecto al material de protección que debería estar a disposición de los agentes, así pues, el Gobierno sabía y no quiso saber. La consecuencia directa ha sido el fallecimiento de miles de personas en condiciones infrahumanas

No voy a dedicar ni una línea a recordar que se ha estado y que se está haciendo negocio con el material sanitario de primera necesidad tanto de prevención como de reacción. Lo más ruin que puede hacer, no ya un gobierno, sino cualquiera, es negociar con a la vida humana, la vida humana no tiene precio, no importa la edad que esa vida tenga.

No voy a dedicar ni una sola línea a recordar el número de médicos, enfermeros y sanitarios en general que se han contagiado y fallecido como consecuencia de la falta de material de protección indispensable en la atención a los pacientes.

No voy a dedicar ni una sola línea al merecido elogio que a diario rinde la sociedad entera a sus fuerzas de seguridad y a su ejército, de los que muchos de sus miembros también han entregado su vida víctimas del virus. “Gasto superfluo” para el Gobierno, ayuda inestimable para los ciudadanos.

No voy a dedicar ni una sola línea a la insultante constatación del control, rayano en lo delictivo, que el Gobierno está haciendo de la información en los medios de comunicación que no sean sus propios y babosos medios a los que he aludido en párrafos anteriores. La contradicción de la persecución y limpieza de noticias falsas, en contraposición a la falsedad constante y permanente de la información que el Gobierno facilita desde su atril. El General del Estado mayor de la Guardia Civil D. José Manuel Santiago afirma, y no es un error, porque lo lee, “que trabajan para minimizar el clima contrario a la gestión de la crisis por parte del gobierno”.

Después de estas crudas reflexiones vuelvo a traer aquí la idea con la que empezaba estas líneas, me refiero a eso de que no es posible que todo el mundo sea idiota, que todo el Gobierno de España sea idiota, y no puedo evitar pensar en que esta situación en la que nos encontramos los españoles, ha sido buscada de propósito. El Ministro de Ciencia D. Pedro Duque afirma públicamente en rueda de prensa que empezaron “los científicos a trabajar de forma intensa en cuanto se conoció esta enfermedad, en enero”. En enero. Por lo tanto el Gobierno sabía y no quiso saber.

¿Son idiotas Los Srs. Duque, Ministro de Ciencia, Santiago, General de Estado Mayor de la Guardia Civil o González, Jefe Supremo Operativo del la Policía Nacional?, es evidente que no, por lo que parece que están pidiendo auxilio por encontrarse en manos de un Jefe de Gobierno que no quiere saber, pero que si sabe. Aquí lo que importa es llevar a España a un punto sin retorno en el que la economía salte por los aires, que la ruina más absoluta se apodere de cada ciudadano y que finalmente se vea con buenos ojos el hecho de que tengamos que vivir todos con el subsidio de renta básica que, de forma paternal y protectora, nos proporciona el Estado, haciendo buena la famosa frase de que “los comunistas te parten las piernas y luego les estas agradecido porque te dan unas muletas”.

No, El Gobierno no es idiota, ni incompetente ni nada de eso, todo lo contrario, ha conseguido a la perfección los fines pretendidos, esto es, asustar a toda la población, encerrarla en su casa de tal manera que nada pueda hacer, controlar la información y ponerle, por fin, puertas al campo, es decir, controlar internet y las redes sociales, no importa el número de muertos que eso conlleve, da igual, lo importante es ir poco a poco consiguiendo las condiciones idóneas necesarias para que se imponga, sin vuelta atrás, un régimen social-comunista perpetuado en el poder sin que sea posible que nadie sea capaz de desalojarlo. Es necesario el encierro ciudadano e institucional para poder ir colando reales decretos que permitan ir retirando derechos para que, finalmente y de forma abierta y sin reparos, lleguemos a lo que intencionadamente, no lo dudo, se ha llamado “nueva normalidad”, en un alarde de fuerza mediática dirigida a la aceptación inconsciente por parte de los ciudadanos de que desde el Estado se va a dirigir nuestra forma de vida.

No es lo mismo decir “volveremos a una nueva normalidad” que “volvemos de nuevo a la normalidad”. Es evidente que el primer pronunciamiento hace referencia a la nueva forma de vida de las personas que deberemos aceptar, y que nada tiene que ver con sus costumbres anteriores, sus gustos personales o su libertad individual, que queda ahora cercenada a favor de la tutela de un Estado “protector” que impondrá cuales deben ser sus nuevas costumbres, sus gustos personales y en que queda su libertad individual.

Por el contrario, decir que “volvemos de nuevo a la normalidad”, es tanto como decir que retomamos nuestra vida en el punto donde la dejamos, que continuamos con nuestro trabajo habitual, nuestras costumbres interrumpidas en un momento concreto por causa de una fuerza mayor y que nuestra libertad individual sigue intacta. Pero no se ha dicho esto.

Sí, podría seguir no queriendo dedicar ni una sola línea a mil cosas más, pero no voy a continuar. No voy a continuar pensando que en la situación de alarma sanitaria en la que nos encontramos, con las nefastas consecuencias económicas, que ello conlleva a todos los niveles, requiere de un gobierno sensato y eficaz en la gestión de estos problemas. Por eso y a pesar de que este Gobierno piense que para los españoles no existe otra cosa que la pandemia del covid-19, los españoles sí recordamos y no olvidamos, por ejemplo, la ignominiosa entrada de Delcy Rodríguez a Barajas y su posterior salida de forme impune, lo que ha dejado a España sin un solo gramo de crédito en Europa y en el resto de la comunidad internacional, o la burla descarada y vergonzante que hizo Marruecos invadiendo y anexionándose unilateralmente territorio marítimo soberano sin que este Gobierno ni siquiera alzara la voz pidiendo explicaciones.

Este Gobierno no es idiota, por lo que está claro que lo que sucede es que no tiene ningún aprecio ni por los españoles ni por España, solo pretende que los ciudadanos aceptemos sin rechistar una “nueva normalidad”, la que nos pretenden imponer para siempre.

Madrid, a 3 de mayo de 2020.

Rafael PARDO

Secretario General del partido político Orden y Ley (POLE)

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